Estamos en su finca de la Sierra de Gredos, “La Coronada”, donde su padre construyó lo que es la actual vida de Ramón:
"Sin este hogar todo sería diferente, aquí me siento libre, salvaje, feliz".
¿Quién eres? Era actor antes de nacer, en otra vida. Nunca fui buen estudiante, a los trece años estudié dibujo, pero yo quería ser actor, y con mucha disciplina y perseverancia llegué a serlo.
Mi padre era abogado, murió hace años, mi madre ama de casa, cuidaba de 6 niños y de mi padre. Ejerció de madre, una madre con paciencia. Hoy día comparto con ella mis mejores momentos.
De siempre me impresionaban las voces de aquellos actores y personajes de las películas, tenía mucha ilusión por doblarles. Hice mis pinitos en el cine, en el teatro, también hice de extra, y un día conocí a gente de una escuela de doblaje e hice una prueba y desde entonces no paré de doblar hasta que me hice actor de cine y teatro. Hace varios años que apenas doblo, no tengo tiempo con tanto trabajo, aunque sigo doblando películas de Bruce Willis porque soy su voz.
|
¿Qué te gusta más el teatro o el cine? Todo me gusta. He ido alternando películas de cine con grandes obras de teatro. Llevo un año en el teatro y ahora voy a hacer una película con Garci.
¿Qué sientes cuando te subes a un escenario? A veces siento pánico. El escenario es muy duro, acumulas mucha tensión. Mientras estás allí no te das cuenta de tu estado hasta que acabas la obra, y te relajas. No creo que exista el buen teatro si antes de la función no sientes ese escalofrío cuando miras tras el telón y ves que está lleno el patio de butacas, es un momento muy fuerte.
¿Cada vez que subes es cómo si fuera la primera vez? Te garantizo que sí. Hay actores a los que les ves hacer la misma función todos los días, con los mismos gestos. Pero hay otros que no, ese es el teatro que busco.
|